En la mañana de este martes, alrededor de las 9, Sonny Bill Williams se acercó al barrio ubicado en Retiro para visitar al club de rugby y a sus participantes. Lucas Morales, vicepresidente y responsable de los programas de Botines Solidarios, tuvo una sorpresa mayor: el crack neozelandés pasó a la casa que está construyendo, conversó con su familia y le dejó mensajes esperanzadores.

“No lo puedo creer, vamos a tener a Sonny Bill Williams en el barrio”. Las primeras palabras sorprendían a todos los integrantes de Botines Solidarios. En una charla típica de oficina, Lucas Morales se emocionaba al enterarse que, por intermedio de una productora, el crack neozelandés que milita en Blues visitaría la Villa 31.
Y la promesa se cumplió. Esta mañana, cerca de las 9, antes de continuar con los entrenamientos previos para enfrentar a los Pumas en Vélez, el dos veces campeón del mundo se acercó a las inmediaciones ubicadas en Retiro para conversar con los jóvenes que, desde hace 9 años, practican rugby gracias a la iniciativa de un grupo de ex jugadores de Coronel Suárez.
En la cancha de YPF, donde suelen darse la mayoría de los entrenamientos del club que también tiene hockey, Sonny Bill Williams charló con los chicos, les obsequió una hermosa pelota firmada por todos los All Blacks y les brindó palabras de apoyo y felicitaciones por el trabajo realizado. Como si ello fuera poco, luego, se prendió a una tocata que comenzó con pocos, pero terminó siendo enorme bajo el duro suelo de cemento.
La sorpresa mayor para el representante de Botines Solidarios llegaría después. Lucas, que además de ser responsable de los programas Libertad, Rugby y Valores (cárceles) y Rugby Social Argentino en la ONG, es vicepresidente del club de la Villa 31, tendría la increíble posibilidad de recibir al jugador neozelandés en su casa, la que está construyendo detrás de la de sus padres.
“Estaba re interesado. Sacaba fotos, grababa videos, tanto de la casa como con nosotros, con mi familia”, contó Morales horas después. “Visitó cada rincón, preguntaba por todo”, agregó.
Sin embargo, lo más emotivo, llegaría luego: “Cuando pasamos al fondo se dio una charla en la que nos emocionamos. Hablamos de la vida, de vivir en el barrio, de cuál es nuestra misión, nuestro objetivo”, expresó Lucas, que recordó que antes de irse se tomó la delicadeza de abrazar y saludar a cada uno de los integrantes de la familia.
 
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