Cuando a mediados del 2016 se confirmó el cambio de calendario y la reducción de 14 a 12 equipos que sufriría la categoría más importante del rugby de Buenos Aires, primó la inmediata sensación de urgencia por parte de los equipos que venían promediando la mitad de la tabla. Las demandas ya no parecían ser pelearle a los poderosos o disputar por entrar al próximo Nacional de Clubes, sino que ahora había que temer por la permanencia.

Sin embargo, la primer fecha del nuevo Top 12 y los varios resultados curiosos(algunos batacazos) deja en claro que lo que modifica el nuevo formato no es sólo un tema de fixture, sino también cuestiones de actitud competitiva. Con los calendarios mas extendidos se le pone fin a la tendencia de los ultimos años en la que los poderosos resolvían rápido la fase regular con una seguidilla de victorias y, a partir de la fecha 8, ya se sabían al menos dos de los cuatro finalistas.
Ahora, la dualidad de regularidades en el juego vs. irregularidades externas terminarán influyendo más en los resultados y, a largo plazo, los equipos más fuertes sentirán  las lesiones, las convocatorias a los seleccionados y la presencia en otros torneos (como en el Nacional de Clubes, donde la URBA pisa fuerte con casi todos sus participantes disputando instancias de segunda ronda).
Y, como consecuencia, los equipos de mitad de tabla tendrán mayores posibilidades de poder disputar.
Es un causa-efecto.  Sumando las exigencias que imponen el corto margen que puede separarlos del descenso y la posibilidad de derrotar a los (más desgastados que en un torneo largo) equipos “grandes”; el ajuste hacia un torneo “largo”, con ida y vuelta; genera un horizonte mucho más competitivo para equipos que antes no tenían demasiadas expectativas.
La era de un Hindú aplastante se regía bajo el lema de competir cualquiera sea el título. Si bien un calendario corto lo ayudaba a ser dominante, el Elefante pisaba fuerte porque sabía que siempre se podía ganar más. El aporte al rugby argentino de esta escuela no sólo se da en cuestiones organizativas como formación de jugadores, perpetuidad de un estilo y generación de un sentido de pertenencia.
Hindú dejó su huella mostrando que cuanto mayor es la exigencia, mayor es el desafío y por ende, mayor el espiritu competitivo.
No significa que no haya habido exigencias para algunos equipos, pero sí que ahora un torneo largo genera menos certezas a corto plazo y nuevas exigencias, de esas de las que vive el jugador, ese animal competitivo. No es el formato en sí lo que da mayor competencia(con el mismo sistema, Saracens en Inglaterra es un equipo que ya construyó una hegemonía).
Puede que haya nuevamente un campeón salido de los poderosos. Esto tiene relación con cómo se presenta el terreno, las posibilidades y el hábitat. Con las nuevas formas es posible que caigan los elefantes, pero sí que hay algo en claro en el panorama para el rugby de la URBA:  van a sobrevivir los animales competitivos.
 
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