La gira por Oceanía llega en un momento crítico para los Pumas. Entre los cuestionamientos externos por los resultados y el mal funcionamiento tanto colectivo como individual el equipo de Hourcade enfrentará, como visitante, a los rivales más difícil del calendario.

Con las derrotas ante los Springboks, la Argentina sumó 11 partidos consecutivas perdiendo ante equipos del Tier 1 y quedaron en la última colocación del Top 10 del ranking de la World Rugby. No sólo es una noticia dura antes de afrontar los partidos frente a Nueva Zelanda y Australia, sino que es también un reflejo de la caída libre en la que se encuentra el conjunto albiceleste y que ya le cuesta el compartir grupo con Inglaterra y Francia en el próximo Mundial de Japón.
Tras el salto de calidad que significó la pasada RWC 2015, dónde justificó su lugar en el Rugby Championship y la posibilidad de tener una franquicia disputando el Súper Rugby, el seleccionado nacional tuvo un año y medio en el que se le borró la sonrisa. En ambas competiciones sufrió la diferencia de jerarquía y en los duelos ante otros equipos quedó expuesta una merma en el nivel.
A los problemas de indisciplina, que son moneda corriente, en este año se le sumaron la falta de eficacia para definir jugadas muy bien armadas, una defensa cada vez más desatenta y un declive preocupante en el rendimiento en las formaciones fijas. Y en especial en lo que fue alguna vez el símbolo del rugby argentino: el scrum.
Pero más allá de cualquier diferencia de rodaje en esas competiciones respecto a las potencias, ese no puede ser un justificativo para una pendiente tan marcada en el juego. Si no, ¿cómo explicar que se haya caído en 2016 y en 2017 frente a selecciones europeas en formación?
Sobre la nómina ya presentada para los partidos en Oceanía recae un gran cuestionamiento a nivel individual, no sólo por los jugadores que están sino también por aquellos que faltan. La falta de competencia en un plantel que es el mismo tanto en Jaguares como en Los Pumas es, sin duda, un causante cada vez más evidente. Los mismos nombres se repiten en los mismos errores y, en algunos puestos, todavía no aparecen muestras de un recambio.
Las recientes declaraciones de Marcelo Bosch sobre este tema levantaron polvareda en el mundillo del rugby, y como consecuencia aparecieron voces en contra y otras a favor que confrontaron entre sí.
Es verdad que por cuestión contractual, los que disputan el Súper Rugby son los mismos que integran la selección y que participen los que militan en equipos europeos es complicado por problemas de calendario. Muchos de ellos son campeones en sus clubes.
Pero, ¿qué lugar hay para los que pertenecen al ámbito local? Varios jugadores de la UAR no vistieron colores de equipos del viejo continente y, sin embargo, pudieron estar a la altura. ¿Qué hay de los que son convocados al Argentina XV? ¿Están en un trampolín a la selección superior o tiene un premio consuelo por no poder ocupar el lugar de jugadores “con más rodaje en altas competiciones”?
¿Cómo se le pueden cuestionar problemas de acople en caso de que ingresen si, mientras tanto, muchos experimentados que ya integran los planteles nunca terminaron de estar a la altura?
El sábado pasado en Dunedin, All Blacks y Wallabies mostraron en un partidazo estar en un nivel superlativo, en el que la concentración, la técnica y el estado físico son fundamentales. Campeón y sub campeón del mundo serán los dos próximos rivales de un equipo argentino en el que sus integrantes deben, más que nunca, justificar su presencia. Más allá de los resultados, los jugadores tendrán que volver al nivel que en su momento merecidamente les hicieron vestir estos colores. 
 
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