Hindú lo volvió a hacer. Aun cuando parece que está groggy, cuando tambalea y da la sensación que pronto se caerá, el Elefante volvió a pisar fuerte y aplastar las ilusiones del resto de los clubes, que sueñan con acaparar algo de la gloria que abunda en Don Torcuato.

Tala llegó a San Isidro con un gran objetivo: quitarse el estigma de no haber ganado nunca un Nacional de Clubes y coronarse por primera vez como el monarca de Argentina. Claro que enfrente había un equipo que está en las antípodas: mareado de tantas vueltas, era el máximo acaparador de ese trofeo.
Pero retrocedamos el tiempo. Hace unos nueve meses, Belgrano daba la sorpresa en esta misma cancha y se coronaba después de 48 años, dejando a Hindú sin el tricampeonato de la URBA. El 2017 arrancó con algunas bajas de peso en el plantel –Joaquín Díaz Bonilla y Bautista Ezcurra-, convocados para los Jaguares.
Le costó encontrar el nivel con los recambios y la maquinaria comenzó a mostrar grietas, a tal punto que en Torcuato comenzaba a sonar la frase “temporada de transición”.
Un incómodo paso por la primera fase del Nacional de Clubes, con la clasificación obtenida en la última fecha, un irregular comienzo del Top 12 -donde actualmente está séptimo- y un duro cruce en cuartos de final ante Urú Curé no era un buen presagio. Se recuperó en las semis y venció claramente a Belgrano -el día de la vuelta de Santiago Fernández-, pero continuó a los tumbos en el torneo de la URBA.
Pero aun con ese presente extraño, donde a Hindú le costaba ganar los partidos y dejaba puntos en el camino ante rivales a los que hasta hace poco hubiese dominado con amplitud, llegó a una nueva final. Del Nacional de Clubes. La décima en su historia, que contaba con siete ganadas y apenas dos perdidas.
Y el Elefante resurgió. Sabemos que entiende de finales, que las conoce, las juega con el libreto aprendido casi de memoria.
Volvamos a Tala entonces. Los cordobeses llegaban con hambre de gloria, con ganas de torcer la historia y consagrarse por primera vez. Pero chocaron contra el gigante que parecía dormido. Hindú no lo dejó, se quedó con todo, porque parece ser que en Torcuato no se marean de tantas vueltas, no se cansan de festejar una y otra vez.
En el año 1996 ganó por primera vez la URBA y el Nacional de Clubes. 21 años después, acumulan 9 títulos de Buenos Aires y 8 del Nacional de Clubes. Colosal, arrasador, monopólico. Cualquiera de esos adjetivos encajan perfecto en su descripción.
Tricampeón argentino, ahora va por la revancha en el Top 12. Está lejos de la punta, pero todavía queda toda la segunda rueda y eso es suficiente para que ajuste un par de tuercas y se acomode nuevamente. Porque de laureles conocen mucho en Don Torcuato; ahora de dormirse en ellos… absolutamente nadie.
Fotos: Stephanie Bridger
 
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