Éste sábado, los Pumas recibirán a un equipo que, por nombres, logros y por su propia historia, se ganó varias veces el título al mejor equipo de todos los tiempos. ¿Cómo se reconstruyó el seleccionado de un país que respira rugby, diez años después de su mayor traspié?

“Tenías a jóvenes sentados en el vestuario del Millenium Stadium, dándose la espalda así no tenían que ver a nadie. Era absoluto silencio. Simplemente me salió decirles que piensen en el trabajo que habíamos hecho y en el que todavía teníamos que hacer.”
Así describió Graham Henry, head coach del seleccionado de rugby de Nueva Zelanda entre 2004 y 2011, a la peor escena vivida por un combinado de su país en una Copa del Mundo. Fue el 6 de octubre del 2007 en Cardiff, Gales. Francia, organizador del certamen, acababa de eliminarlos en cuartos de final. Un plantel de nombres laureados, preparado para el éxito, que en los años anteriores fue amo y señor del torneo de las Tres Naciones y que había aplastado a Inglaterra y a los British and Irish Lions, enfrentaba su eliminación más temprana en un torneo mundialista. El equipo había llegado como candidato y la crítica fue despiadada.
Sin embargo, Henry se mantuvo al mando y durante los años siguientes construyó la base del seleccionado con jugadores que militaban sólo en los equipos del Super Rugby, en pos de poder seguirlos de cerca. No sólo decidió contar con los ya experimentados Richie McCaw,Tony Woodcock, Mils Muliaina, Keven Mealamu, Conrad Smith y Dan Carter; sino que ,al mismo tiempo apostó a darle rodaje a jóvenes promesas que emergían como Ben Smith, Piri Weepu, Kieran Read, Ma’a Nonu, Owen Franks, Israel Dagg, Sonny Bill Williams, Jerome Kaino y Aaron Cruden, entre otros.
Con posiciones variables y un juego más integral y dinámico, los hombres de negro empezaban a forjar una nueva identidad de cara la siguiente cita mundialista, que los tendría como anfitriones.
Pero los resultados adversos en el Tres Naciones de los meses previos hacían poner en duda la eficiencia del proyecto rugbístico. Llegado el 2011, el peso de una nación parecía recaer sobre los hombros de los All Blacks. A los 24 años sin levantar un trofeo Web Ellis se le sumaba el terremoto en Christchurch como un factor externo que les imponía salir campeones en casa. A su vez, las lesiones de Dan Carter y Kieran Read parecían opacar el panorama. No obstante, con el peso de la localía y un espíritu competitivo admirable, Nueva Zelanda se llevó el torneo con creces y dándose el gusto de derrotar a Francia en la final.
Pero sintiendo el desgaste y con el objetivo cumplido, Graham Henry decidió dar un paso al costado para irse a trabajar en el Super Rugby y ceder el comando a su ayudante Steve Hansen. El gesto fue todo un símbolo para que dentro de la cancha también se genere un recambio . El arribo de jóvenes que mostraban un nivel igual o superior al de los experimentados y que llevaron al equipo maorí a volverse aplastante en las primeras ediciones del Rugby Championship.
Nombres como Malakai Fekitoa, TJ Perenara, Brodie Retallick, Waisake Naholo, Codie Taylor, Nehe Milner-Skudder, Julian Savea y Aaron Smith empezaban a aportar versatilidad y frescura para enriquecer a un plantel que se volvía invencible. Entre ellos aparecía también un tal Beauden Barrett, quien a medida que ganaba minutos se iba convirtiendo en el prototipo del All Black moderno: veloz de piernas y cabeza,  en carrera y estrategia, hábil con los pies, fuerte en el contacto y con una técnica exquisita.
Cuando llego el mundial del 2015, los All Blacks tenían nuevos motivos y hambre suficiente como para querer volver a coronarse. Y así fue, en el primer torneo obtenido fuera de casa, no hubo rival que los detenga y Dan Carter tuvo su revancha jugando un mundial extraordinario, volviéndose el máximo anotador de la historia y siendo baluarte de otra revancha frente a Francia, esta vez de vuelta en el Millenium Stadium y con goleada.
El tercer título, el segundo consecutivo, era mérito de no haberse dormido en los laureles y mantener un proyecto que un país que ama la ovalada no podía pasar por alto. La ideología del recambio sigue vigente y ningún puesto carece de competencia interna. Richie McCaw colgó los botines y cedió su capitanía, mientras Carter partió para seguir su carrera en Europa.
Los años siguientes tienen al rugby neozelandés, tanto en el Super Rugby como en los torneos internacionales, con sus equipos y jugadores como principales protagonistas. Pero para ello, los All Blacks tuvieron que tocar fondo y rearmarse a pesar de las críticas, confiando en un proyecto que a futuro les iba a rendir sus frutos.
Éste 30 de septiembre, diez años después de aquella fatídica noche en Cardiff, llegará a Vélez un equipo que para el rugby argentino no tiene que ser sólo un rival sino también, salvando las distancias deportivas, institucionales y socioculturales, un modelo a seguir. Porque si los Pumas aprenden de sus fracasos y errores y potencian a cada vez más jóvenes, no cabe duda que tendrán un futuro que se parecerá mucho a la historia de los hoy campeones del mundo.
 
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