La posibilidad del tricampeonato en el Nacional de Clubes tiene un sabor especial para Hindú, que a pesar de los cambios y las irregularidades, quiere seguir manteniéndose vigente. 

La edición de este año del torneo más federal que tiene el rugby argentino llega a su fin con una final que puede ser más pareja de lo que se espera. No sólo por el buen nivel que ambos equipos vienen demostrando en sus respectivas ligas en los últimos años, sino también por el caracter exhibido en los partidos de eliminación directa y la capacidad de superar instantes adversos. El trofeo de campeón puede ser mucho más que un souvenir, sino el símbolo de un poderío intacto.
Uno de los dos clubes que intentará imponerse es Hindú. El último campeón es el equipo que si caemos en la lógica innecesaria (porque el rugby es un deporte en el que nada está definido hasta el pitazo final) de encontrar un favorito es inevitable darle ese título: tiene la escuela y la estirpe de campeón. Y aunque los últimos meses parecen oxidar la chapa. sigue siendo una potencia, un histórico del rugby nacional; un factor de peso no menor a la hora de jugar una definición.
A la partida de Díaz Bonilla y Ezcurra a Jaguares y la dificultad para que los nuevos apellidos se adapten, se sumaron algunas lesiones y parecía que la transición iba a dilatarse durante toda la temporada. Sin embargo, el regreso del pródigo Santiago Fernández de Europa -junto al de Horacio Agulla, que todavía no debutó- impulsó la recuperación del nivel en varios frentes. Volvieron la velocidad y eficacia de Cancelliere y Álvarez, la potencia de Camacho y los aciertos de Escobio.
A éste Elefante lo que no lo mata lo hace más fuerte, porque ha sabido convertir los obstáculos que se le presentaron en virtudes. El recambio que lo hizo titubear y dejar puntos en la fase de grupos del Nacional de Clubes y que lo convierte en un desconocido en la primera ronda del torneo de la URBA puede ser en un partido decisivo una herramienta con la cual, los dirigidos por los Fernández Miranda y Ostiglia, superan a sus rivales.
El Hindú modelo 2017 cuando quiere jugar es aplastante, abre el abanico y despliega todo el potencial de sus líneas, con el emblema imborrable de sus backs como arma punzante. Tiene el juego como plan A, y en caso de emergencia impone el caracter. Pero, irónicamente, parece que sufre para gozar.
Los primeros tiempos le cuestan y rara vez empieza ganando. Si no entra de lleno al partido, el trámite siempre se le hace cuesta arriba. Basta ver como sufrió desde el comienzo frente a CUBA y a Alumni en el Top 12. Pero en la mayoría de los complementos se ve lo mejor, con un buen despliegue de los tres cuartos. Cuando no tiene juego, impone esa personalidad mostrada a finales del año pasado y con la que revirtió el encuentro sobre el desenlace del duelo de cuartos contra Urú Curé. Una vez que encuentra el balance, el Elefante puede a pisar más fuerte. Se tomó revancha como visitante, aplastó a Belgrano en semifinales y ahora va por su sexta final consecutiva.
Sabe que es favorito y que puede volverse imparable pero que no debe volver a permitirse descansos para ajustar engranajes. Esas desconcentraciones llegan a dolerle mucho y en la final, frente a un equipo depredador como Tala, no puede sucederle.
Un título que realce el orgullo del campeón puede ser clave para que los de Don Torcuato puedan revertir un año adverso. Como si no ser campeón el año pasado lo hubiese incomodado, la receta para el orgullo dañado  de Hindú es no perder la costumbre de dar la vuelta. Es lo que puede hacer pensar a un equipo herido que la transición es solo un breve impass. Ahora la maquinaria campeona necesita sentirse nuevamente en marcha y preparada para festejar otra vez este sábado.
 
share on:
share on: