Como si se hubiese despertado renovado de una siesta, CUBA volvió a competir en lo más alto del rugby de la URBA con el agregado de un estilo de juego dinámico y versátil. Sin embargo, el desafío del conjunto universitario reside en que el buen momento no sea pasajero y que la confianza y el estilo de juego sean constantes ante los variables resultados.

Cuando en octubre del año pasado se iba del estadio de Belgrano habiendo conseguido la séptima y última plaza para el Nacional de Clubes, la sensaciones en Villa de Mayo fueron que el logro era muy pequeño. Pequeño, no porque se haya merecido más en una temporada adversa, sino porque no coincide con la chapa de protagonista que ha tenido CUBA en los últimos años.
El título de la URBA en 2013 y del Nacional de Clubes en 2014, junto con el mote finalista de Buenos Aires en 2014 y 2015, dejan bastante en claro que es una época en la que lo más alto es la tierra prometida cada vez que éste club con casi 100 años comienza una temporada rugbística.
En el año que la profesionalización del rugby argentino dio sus primeros grandes pasos, parecía que el club emblema del amateurismo se estaba quedando atrás. Mientras que técnicamente mostraba más garra que juego, el único logro era haber conseguido el pasaje a la competencia más importante a nivel nacional a último momento. La “revolución cubana”, que data desde 2011, parecía perder fuerza o al menos servir sólo para las formación de jugadores (la M19 mientras tanto conseguía el titulo de su división).
El equipo de Villa de Mayo estaba pasando de jugar finales por el título a luchar por evitar el descenso en el Nacional de Clubes.
Para colmo, los últimos años llevan sin duda la marca de Hindú y el estilo impuesto por los de Don Torcuato. Pero la transición que atraviesa el Elefante, más un leve declive del último campeón Belgrano, presentan un panorama de recambios y resultados variantes en el torneo de la URBA, que es más que seductor para que los de Lasala puedan despertarse de la siesta y probar su juego sin tener que pensar en ser el personaje secundario.
Al poderío en el juego de contacto que caracteriza a la institución, el regreso del ‘Rulo’ Lasala trajo el agregado de la ambición que aportó la sangre joven de quienes subieron al plantel superior. Jugadores polifuncionales preparados para ocupar cualquier puesto. Entre ellos un Ortíz de Rosas inspiradísimo, pero también jugadores que con éste estilo se potenciaron a pesar de los años como Tsin o Avalos. Passaro, sin importar la juventud, es un ejemplo de el “jugador multiuso” que caracteriza a este plantel y que  hacen que sea mucho más fácil que la idea de juego fluya por todas las líneas del conjunto azul y negro.
Es el juego integral por definición: atacan todos, defienden todos y las posiciones siguen rotando. Conociendo cada uno lo que hace el otro, CUBA potencia su idea de juego colectivo y se vuelve indescifrable e impredecible.
La primera ronda del Top 12 demoledora fue la inyección de confianza que éste equipo necesitaba para poder creer en su estilo y volver a portar la chapa de candidato. CUBA necesitaba ganar para creer en sí mismo y en su estilo. Y si a ello se le suma el sentido de pertenencia que inculca el club, mejor.
Por todo ello, este rejuvenecido Universitario parece haber dejado atrás la etapa de transición -que apenas duró un año- y ya está nuevamente en condiciones de volver a pelear por la corona de Buenos Aires. Ahora es puntero del Top 12 y sabe que ya no esta dormido, porque cree en sí mismo y lo justifica con triunfos.
 
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