Sorteados los grupos y plazas de la próxima Copa del Mundo, el panorama parece complicado para Los Pumas. Sin embargo, queda un largo recorrido hasta Japón en el que la experiencia va a pesar mucho más que los números en el ranking.

Que tener a Francia e Inglaterra en el mismo grupo asusta. Que el de Oceanía siempre puede complicar.  Que peor podría haber sido jugar con Nueva Zelanda y Sudáfrica. Que compartirlo con una Escocia en alza y disputar el clásico con Irlanda era mejor.  Son las primeras conclusiones y comentarios que surgen de lo que dejó el sorteo del Mundial de Japón 2019 realizado esta madrugada en Kyoto.
Pero así de rápido como aparecen las especulaciones, del mismo modo hay que dejarlas de lado.
El nivel del seleccionado argentino en sus últimas actuaciones dejó mucho que desear, y a eso se le suma la irregularidad mostrada por un equipo de Jaguares integrado en un 95% por los jugadores que forman parte del plantel albiceleste. A ésto se le agrega la presión que implica disputar esos compromisos con el régimen que impone un ranking de selecciones que equilibra un test macth a los duelos con las tres potencias del Sur.
Sin embargo, el último partido de Los Pumas fue hace más de medio año y se dio en un contexto en el que el plantel cargaba con el desgaste emocional y físico de su primera temporada en el Super Rugby, la disputa del siempre adverso Rugby Champioship y otros amistosos test matches del mundo. Las especulaciones mueren ante un argumento obvio.
Ni la calidad mostrada por el plantel actual, ni la posición en el ranking son factores que se mantendrán estáticos de acá a septiembre de 2019.
El sólo hecho de hablar de esa fecha muestra una lejanía. Es incluso más tiempo del que nos distancia hoy del último partido del Mundial 2015. En el camino que hay desde el sorteo de hoy hasta el debut en la Copa del Mundo de Japón, el equipo de Hourcade tendrá suficientes desafíos: finalizar una temporada de Super Rugby y disputar otras dos en 2018 y 2019, tres Rugby Championship y las siempre presentes ventanas internacionales que encuentran su lugar en el año. En ese recorrido, serán importantes las derrotas para acomodar las piezas que hacen a la identidad de un equipo que todavía esta en formación.
A nivel táctico, una buena cantidad de días también para que el entrenador y el plantel puedan encontrar variantes, no sólo en el armado del juego sino en las posiciones. Por ejemplo, encontrar un apertura que le compita y potencie más aún a Nicolás Sánchez. También servirá para mejorar esas situaciones claves para un seleccionados con aspiraciones altas, como saber ganar esos partidos en los que no es protagonista.
Cabe mencionar también, que es tiempo suficiente para que surjan nuevas figuras de los distintos rincones del rugby argentino.
El grupo C tiene definidos, además de la Argentina, a dos equipos que también se están reinventando: Inglaterra, donde el proceso fue más rápido y efectivo, pero donde aún queda saldar la deuda del fiasco mundialista. Y Francia, en una lenta y gradual reconvención. Esa actualidad es meramente un dato, pero no un dato a temer.
Pensar en resultados posibles, en potenciales cruces con nada más que el argumento de cómo está hoy en día cada seleccionado no sirve. Lo único útil del resultado de Kyoto es mirar cuántos meses quedan para tachar en los calendarios. Días en los que van a sobrar debates, discusiones, victorias y derrotas. Todo el proceso que distancia a Hourcade y su equipo de Japón 2019, sirve para que llegado su momento, la actualidad de Los Pumas sea una preocupación… pero para sus rivales.
 
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