Inglaterra 2015 tuvo la particularidad de ser un mundial distinto por la manera en que cada equipo exhibió sus niveles de  concentración y carácter. 

El titulo puede parecer engañoso. No es que las anteriores copas del mundo rugbysticas carecieron de compromiso por parte de los equipos participantes. Para bien o para mal, positiva o negativamente, el torneo  fue una absoluta prueba psicológica para los veinte equipos que la disputaron. No hubo actitud en abstracto, sino actitudes concretas de afrontar los partidos defendiendo, no sólo una camiseta, sino también una idea de juego.  Como si un acuerdo previo al certamen obligara a cada equipo a tener una identidad propia, sin importar los nombres o el equipo que este enfrente.
Estuvieron aquellos, a los que el compromiso con la idea les salió caro y el equipo anfitrión fue uno de ellos. Inglaterra no soporto la obligación que imponían sus papeles de creador del juego y terminó desnudando, en una dimensión aun mayor, la dispersión y los nervios que lo azotaban en los partidos previos.  También un desordenado Francia ,que jamás pudo sacar provecho de su “mística copera”, se quedó otra vez con las manos vacías.  Otros equipos de menor o mayor categoría, terminaron asfixiados por la falta de rebeldía y por apelar a cerrarse en un juego tímido y pobre. Sin importar la instancia alcanzada,  postergaron su gran salto con viejas recetas e individualismos que sólo potenciaron las virtudes de sus rivales.
Pero, después de mundiales plagados de equipos grandes buscando ganar sin desplegar mucho juego y de selecciones de menor nivel que apelaban a conseguir experiencia, ésta edición rompió el molde desde el primer día. Cuando Japón derrotó a Sudafrica, no lo hizo por dar meritos a su futura condición de organizador de un mundial. Si los nipones lograron la victoria entre equipos más desiguales en la historia, lo hicieron por dejar atrás la sumisión y  la timidez. Se animó a jugar y logró otras dos victorias inolvidables.
 Del “Efecto-Japón” se contagiaron otros: Georgia hizo transpirar a Los Pumas y a los All Blacks con mucho más que rudeza física. Fiji buscó orden y juego y se fue aplaudido del “grupo de la muerte”. Rumania, por su parte, logró la mayor remontada de la historia. Incluso Uruguay, con sólo cuatro profesionales mostró valentía para ser algo más que la cenicienta del mundial.
Por su parte, luego del tropezón en el debut y algunas críticas, los Springboks perdieron prestigio y a su capitán, pero no a sus hombres clave. “Habana vs Escocia”, “DuPreez vs Galés” y “Burger-Etzebeth vs Argentina”, fueron esos que ganan los partidos en los detalles. En la misma línea, Gales e Irlanda supieron superar la adversidad y, si bien quedaron afuera en cuartos, nunca quisieron traicionarse a sí mismos. Los de rojo y los de verde perdieron muchas figuras por lesiones pero, así como salían de recibir malas noticias en la enfermería, saltaron al campo de juego a derrotar a sus rivales europeos en instancias claves sin desprenderse de la esencia de juego.
El campeón no se quedó fuera de la tendencia. Nueva Zelanda afrontó el fantasma de poder ganar un torneo fuera de casa y su figura, Dan Carter, de poder explotar en un mundial tras un fallido 2007 y una lesión que lo marginó del logro del 2011. Los All Blacks  crecieron exponencialmente con el correr de los partidos y siempre fueron fieles a exhibir todo su potencial, sin entregarse a los karmas. Cuando la situación se complicaba, el excelente recambio de un plantel confiado y conectado marcó la diferencia e mantuvo en lo más alto a un equipo que marcó un antes y un después.

 

Pero si  existe un equipo que  represento a la actitud y al compromiso a flor de piel fueron Los pumas. Un seleccionado cuya historia tenía altos y bajos y que el aprendizaje de logros históricos y las derrotas mas duras siempre apuntaba a un futuro prometedor. Pero el legado del mundial 2007 y  tras las durísimas cuatro ediciones del  Rugby Championship que lo pusieron a competir con mayor frecuencia con las potencias del sur en el lapso previo al mundial, el rugby argentino entendió que el futuro es hoy.

El rugby argentino entendió que el futuro es hoy.

De aquel equipo retador que mostraba su resistencia desde lo defensivo, se conservo algo que excedió lo táctico y que se volvió la innegociable esencia: LA GARRA. Con esos mismos valores de no rendirse, estos nuevos Pumas no renunciaron al ambicioso proyecto de volverse una potencia. Atrás quedaban los años de las derrotas dignas, de las críticas y de generaciones de Pumas que se hicieron grandes por oponerle batalla a los pesos pesados del deporte.
Basándose en un proyecto en comunión con un juego más ofensivo y con mayor tenencia de pelota que propone Daniel Hourcade, la nueva camada desarrolló no sólo un juego más vistoso, sino también la rebeldía de asumir el protagonismo. No existe mejor compromiso que el de una juventud hambrienta de gloria. En Inglaterra 2015, Argentina que le jugó “sin respeto” al campeón del mundo y  aplastó al campeón europeo. Supo sobreponerse a durísimas sanciones y ausencias sin traicionar  el concepto de ser el dueño del espectáculo y con la ley Puma de siempre “…con Gloria morir”.
De la danza de nombres que fueron  revelación, Nicolás Sánchez es un ejemplo que sirve de metáfora. Fiel a su pegada y a su estilo, el apertura tuvo la ambición de corregir en el momento justo, afrontando las críticas previas al certamen  y rectificando los errores propios durante el mismo. Basta ver la semifinal contra Australia donde, de un error al minuto de juego, tomó las riendas del equipo y con su pegada y empuje mantuvo las esperanzas albicelestes hasta el final. Los resultados estuvieron a la vista y en el partido por el tercer y cuarto puesto, Sánchez fue capitán del equipo por primera vez y se posicionó como goleador de la RWC 2015.
Durante y post mundial, se generó una nueva idiosincrasia en el rugby argentino que afrontará nuevos desafíos. Y así como se anima a cambiar y se pone más ambicioso a la hora de fijarse metas y afrontar nuevos procesos. Además, el público mismo cambia y el “Boom Puma” invitó a contagiarse y a ilusionarse a un gran número de aficionados ajenos a la cotideaneidad del rugby.
Desde Argentina hasta Japón. Desde los All Blacks hasta Georgia; la lealtad a una idea de juego y las muestras de carácter ante la adversidad muestra que el mundial de la actitud es causa y efecto. Resultado del poder que tiene el respeto a los proyectos a largo plazo y es el disparador, a su vez, de un crecimiento a futuro de la competitividad en el rugby internacional. Porque Inglaterra 2015 dejó claro que en el futuro, no hay lugar para ser mezquino cuando sobran los recursos ni para hacer caso omiso del aprendizaje que puede dejar la derrota.
 
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