La decisión de la UAR de permitir que los jugadores que se desempeñan en los clubes del viejo continente puedan ser citados para el próximo Mundial abre el debate en el seno del rugby argentino. ¿Es un “manotazo de ahogado” o una medida que imparte justicia para los Pumas?

Fue una semana agitada la que se vivió en los últimos siete días. La derrota con los All Blacks dejó mucha tela para cortar y las especulaciones estuvieron a la orden del día en las redes sociales y el boca en boca.
Por un lado, la (casi) confirmación de que el nuevo staff de Jaguares estará integrado por Mario Ledesma, Nicolás Fernández Miranda y Martín Gaitán. Por el otro, que si el seleccionado no conseguía una resultado positivo ante Australia sería el final del ciclo de Daniel Hourcade.
Pero sin dudas el anuncio más resonante fue el de Carlos Araujo, que afirmó que para la RWC de Japón 2019 podrán ser citados a los Pumas los jugadores que se desempeñan en Europa.
A partir de las declaraciones del presidente de la UAR vuelve a abrirse el debate sobre el camino tomado por la dirigencia argentina desde el arribo al profesionalismo. Este año quedó demostrado que el sistema colapsó, ya que después de Inglaterra 2015 el combinado nacional cayó en picada, tanto en resultados como en juego.
Afrontar dos torneos de máxima exigencia como el Super Rugby y el Rugby Championship -más las ventanas internacionales- con un mismo equipo solo trajo dolores de cabeza. Se presumía que seis años jugando ante las potencias del hemisferio Sur y dos contra las franquicias más poderosas, aportaría el roce que durante décadas se pidió para estar en igualdad de condiciones con los países del Tier 1.
Sin embargo, el 2017 mostró a unos Pumas extenuados, asfixiados, fuera de su eje. Por primera vez desde 2012 culmina el torneo sin puntos. A eso hay que sumarle las derrotas ante un Inglaterra “B” en junio y la rápida despedida de los playoffs para los Jaguares, que en esta temporada contaban con un fixture mucho más benévolo que el de 2016.
Por todo esto, la decisión de cambiar el rumbo y acudir a los “europeos” huele más a un pedido de salvación divina que a una programación seria y a largo plazo. Los jugadores que podrían -hoy- ser parte del seleccionado por nivel y proyección son Juan Figallo, Facundo Isa, Patricio Fernández y Juan Imhoff.
Lo del salteño responde a una sequía en un puesto donde históricamente Argentina tuvo en abundancia. La partida al rugby francés de Ramiro Herrera profundiza esta cuestión. En el caso del santiagueño se toma como referencia que fue el mejor puma y jaguar de 2016.
Lo de los rosarinos es disímil. El ex Jockey atraviesa un buen momento en Clermont y podría oxigenar una posición clave en la que los responsables que se desempeñan aquí no han estado a la altura en esta temporada. El formado en Duendes es una pieza fundamental en el Racing Metro y suena únicamente por jerarquía, ya que el fondo de la cancha es uno de los pocos lugares que parecen bien cubiertos hoy por hoy, con variantes de aceptable nivel.
Por todo esto, el debate que comenzó hace unos días se extenderá en las próximas semanas. La estructura profesional del rugby argentino entró en crisis y el norte que se marcó post Mundial 2015 hoy aparece difuso, sin certezas de que el camino adoptado sea el que mejores resultados otorgue a largo plazo.
 
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